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¡Ojalá te Mudeís!

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    Q uien conoce a un maracucho sabe que su arsenal de maldiciones es una obra de arte de la exageración. Pero entre todas las sentencias posibles, hay una que se pronuncia con una sonrisita y una dosis pura de maldad cotidiana: “¡Ojalá te mudeís!” Para el implacable juez de la sabiduría popular zuliana, mandar a alguien a mudarse es condenarlo al peor de los purgatorios terrenales. Es desearle el descalabro de meter su vida entera en cajas, el suplicio de desarmar muebles que jamás volverán a encajar igual, y la tortura de perder el control de absolutamente todos tus objetos por meses.   Es, en esencia, desearle a uno el caos. El problema es que, en mi caso, la maldición no me la lanzó alguien en una esquina de Maracaibo. Me la debió lanzar el destino mismo, y con efecto acumulativo, de alcance global. A lo largo de mi vida me he mudado 13 veces . Sí, trece. Un número que para los supersticiosos ya carga su propio peso, pero que para mí representa el mapa de coo...

TRAMPA- Una Historia de Traición Corporativa en 5 Actos

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  El éxito corporativo es un edificio que se construye ladrillo a ladrillo durante años, y cuya demolición desafortunadamente requiere de poco esfuerzo, pisar un “cable pelado", defender posturas incómodas, o transgredir lo políticamente correcto - aunque ocurra solo en la imaginación corporativa- puede convertirse en la lápida de la tumba corporativa.  Los valores, frecuentemente enarbolados en las corporaciones, son frecuentemente abandonados, con facilidad, ante intereses circunstanciales. Esa es la historia que vengo hoy a contar.  Para nuestro protagonista, 12 años de impecable, exitosa y sonora trayectoria, desde distintas locaciones, no fueron ni aval, ni escudo suficiente.  Atrás quedaron los halagos, las sucesivas promociones, los hitos de éxito rotundo, en un plis-plas y a manos de la fabricación artificial de intereses personales, el destino giró y todo cambió.  La causa no fue un error técnico, ni una falta ética, fue una sinfonía de intereses cruz...

La Autoaborrecencia Hispanoamericana: Un viaje de ida y vuelta

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  Nací en Caracas, bajo la mirada imponente de una montaña que nos define, crecí como cualquier otro latinoamericano bajo una narrativa en la educación de nuestra historia, la cual, vista desde hoy, resulta extraña y totalmente dicotómica. Por un lado, nos enseñaron a admirar “La Madre Patria” España… y por el otro nos hacieron partícipes de una herencia de víctimización, derivada del despojo y la falta de libertad impuesta por el imperio que nos sometía con su yugo. Y no hay que romantizar las cosas, que mucho horror hubo en ese proceso de dominación surgido del descubrimiento de América. Eso si, toda esa historia con un orgullo incongruente por nuestra lengua castellana, con nombres y apellidos españoles y fervientes creyentes en el cristianismo católico. Nuestros símbolos patrios, una semblanza de esto, la bandera venezolana por ejemplo es amarillo, azul y rojo, significando el azul el mar que nos separa de la madre patria… y el rojo, la sangre derramada por nuestros próceres ...